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Violencia en el fútbol

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La eficacia simbólica de las leyes que persiguen los delitos violentos en el fútbol es nula, ya que puede con éxito encarcelar a quienes cometen delitos pero no modifica la validez que estos hechos poseen. Por ello, una política de prevención de la violencia que se recuesta solo en nociones judiciales está destinada al fracaso.
Una vez más damos cuenta de que la irracionalidad nada tiene que ver con estos actores y sus acciones. Se vuelve ahora obligatorio mencionar que si nuestro deseo es modificar los sentidos de pertenencia sustentados en la violencia es necesario construir grupalidades que alberguen a estos actores eliminando la violencia como moneda de intercambio.
Debemos encargarnos, ahora, de batallar contra uno de los lugares comunes, construidos con mayor tozudez y tenacidad, aquel que sostiene que la violencia es una particularidad natural y esencial de ciertos actores sociales. Corresponde, en este camino, ahondar en la desnaturalización de la violencia. El aguante se define por reconocer
cuándo, cómo, contra quién y dónde testificar sus capacidades. Es decir, que es un conjunto de saberes que debe ser explotado en situaciones determinadas y en ciertos contextos estipulados. Los integrantes de las hinchadas saben que pelearse es legítimo en un universo de relaciones y, en otros, es ilegítimo y desprestigiado.

Agotado

José Garriga Zucal

José Garriga Zucal es licenciado en Antropología Social (UBA), Magister en Antropología Social (UNSAM), y Doctor en Antropología Social (UBA). Actualmente, es docente de la Universidad Nacional de San Martín y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias sociales (FLACSO), e Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Es compilador de Hinchadas (Prometeo, 2005). Como autor publicó Haciendo amigos a las piñas. Violencia y redes sociales de una hinchada de fútbol (Prometeo, 2007) y “Nosotros nos peleamos”. Violencia e identidad de una hinchada de fútbol (Prometeo, 2010).

Descripción

La eficacia simbólica de las leyes que persiguen los delitos violentos en el fútbol es nula, ya que puede con éxito encarcelar a quienes cometen delitos pero no modifica la validez que estos hechos poseen. Por ello, una política de prevención de la violencia que se recuesta solo en nociones judiciales está destinada al fracaso.
Una vez más damos cuenta de que la irracionalidad nada tiene que ver con estos actores y sus acciones. Se vuelve ahora obligatorio mencionar que si nuestro deseo es modificar los sentidos de pertenencia sustentados en la violencia es necesario construir grupalidades que alberguen a estos actores eliminando la violencia como moneda de intercambio.
Debemos encargarnos, ahora, de batallar contra uno de los lugares comunes, construidos con mayor tozudez y tenacidad, aquel que sostiene que la violencia es una particularidad natural y esencial de ciertos actores sociales. Corresponde, en este camino, ahondar en la desnaturalización de la violencia. El aguante se define por reconocer
cuándo, cómo, contra quién y dónde testificar sus capacidades. Es decir, que es un conjunto de saberes que debe ser explotado en situaciones determinadas y en ciertos contextos estipulados. Los integrantes de las hinchadas saben que pelearse es legítimo en un universo de relaciones y, en otros, es ilegítimo y desprestigiado.

Detalles del libro

  • ISBN: 9789873847387
  • Género: No ficción
  • Traducción de: Escrito originalmente en español
  • Cantidad de Páginas: 416
  • Formato: 13 x 20
  • Edición: primera edición
  • Tipo de edición: Tapa blanda

Índice

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