

Artemisa
Voces polifónicas: itinerarios de los géneros y las sexualidades (Ediciones Godot), compilado por María Alicia Gutiérrez, es el resultado de una producción colectiva en el marco de un proyecto UBACYT, realizado en la Carrera de Ciencias de la Comunicación, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Lo constituyen, además de la compiladora, Dalia Szulik, Florencia Gemetro, Gabriela Bacin, Andrea Voria, María Luján Bargas, Mariela Acevedo y Eugenia Tarzibachi. Ofrecemos un adelanto.
El estudio sobre las sexualidades y géneros no alberga demasiado tiempo en el vasto universo de las ciencias sociales. Desde la mirada académica, en Argentina, es a partir de la década de 1990 cuando se comienza a conformar un campo temático sobre sujetos que demandaban con acciones políticas su incorporación como ciudadanos/as. Esto no significa dejar de reconocer una intensa trayectoria del pensamiento sobre estas cuestiones, que se anudó en prácticas políticas con diferentes grados de efectividad. Si bien se trata de una producción inscripta en los discursos académicos la intención, sin embargo, es también dirigirse a los diversos actores sociales y políticos que se formulan interrogaciones similares a las nuestras.
El libro intenta develar los sujetos socio sexuales que ocupan el campo hegemónico, en Argentina, y así demarcar las voces que han quedado al margen. A esas voces silenciadas, este trabajo, intenta darles una presencia.
Los estudios aquí presentados pueden ser pensados en la línea de 'discursos polisemióticos', dado que se sustentan en diversidad de soportes inscriptos en una dimensión dialógica. Son múltiples 'los modos del mirar' que desarrollan los análisis del presente trabajo colectivo, sin embargo, nociones como género, sexualidad y poder recorren a todos ellos, en un contexto histórico-político de enunciación semejante. Dichas nociones funcionan como instrumentos teórico-metodológicos que soportan el discurso, trazan las vías de reflexión y definen el desarrollo de los contenidos.
La multiplicidad de enunciadores es restituida entonces en el contexto de la década del 1990/2000 en Argentina, atendiendo a la proliferación de nuevas demandas, nuevos sujetos y nuevas complejidades teóricas.
Las demandas fueron instalando, desde la perspectiva teórica y las acciones políticas una territorialización del poder en el cuerpo de las mujeres inicialmente y más tardíamente en la diversidad sexual. El arte, con su capacidad de registrar hasta lo indecible, toma nota de las demandas y las expresa en múltiples manifestaciones. La relación arte/política/ feminismo se corporiza en las acciones de Mujeres Públicas, organización que hace su aparición en Argentina en el año 2003. Herederas de la tradición feminista y de las movilizaciones del año 2001, registrarán con acciones innovativas las demandas por el aborto legal, seguro y gratuito propio del movimiento de mujeres. Sus expresiones reflejan una experiencia, así como lo es el aborto para las mujeres, poniendo en escena un quiebre, un disloque de la mirada y el sentido común, como lo refleja el artículo de María Alicia Gutiérrez
Por otro lado la territorialización de los estereotipos de género en espacios delimitados mostrará la larga historia de la subordinación de las mujeres. El trabajo de Dalia Szulik, usando como recurso la fotografía, nos revela el modo en que el hospital público, inserto y marcando el ritmo del barrio, se hizo carne del imaginario femenino ligado a la maternidad reforzando la función social asignada al género.
El artículo de Andrea Voria nos refiere al modo en que se deconstruye/ reconstruye el género y que posibilidades o no generan las condiciones de crisis sociales para ello. Aborda el 'deshacer el género' en contextos de fractura social y nos muestra cómo está inserto el orden de jerarquías del género dentro de una estructura social que los constriñe y los condiciona pero a la vez, deja intersticios que habilitan el cambio.
Florencia Gemetro nos relata la historia de la construcción de la lesbiandad en Argentina, su invisibilización y la posibilidad de reconstruir un sujeto social y genérico que responda a las condiciones de lo humano y así acceder a la ciudadanía.
En la misma línea, Gabriela Bacín registra una situación que adquiere visibilidad y que había sido olvidada: la maternidad lésbica. Refiere a las distintas etapas en la constitución de esa identidad, las potencialidades que abre la nueva ley de matrimonio igualitario así como las deudas que aun conlleva.
De los cuerpos invisibilizados, intervenidos, regidos por los patrones del ordenamiento genérico binario, nos habla María Luján Bargas. Propone una reflexión epistemológica acerca del conocimiento científico sobre las anatomías y fisiologías y plantea que el dimorfismo sexual no supone el descubrimiento de diferencias anatómicas y fisiológicas, sino la creación histórico-social de las mismas. Nos lleva a transitar un recorrido histórico de cómo se constituye la noción de cuerpo y cuáles son los vericuetos por donde se filtra el poder.
De la capacidad o no de instituir derechos que otorguen la categoría de ciudadanía igualitaria en el marco de las democracias liberales, nos habla Renata Hiller a propósito del debate parlamentario por la ley de matrimonio igualitario. La autora discurre por el pensamiento político para demostrar que es necesario 'ajustar' a las reglas de la democracia formal, para poder así lograr un derecho igualitario, negado en la historia a las personas que vivencian el amor con otras del mismo sexo. La necesidad de reforzar el principio igualitario, del mismo modo que ajustar la demanda a la conformación de las familias, llevó a la 'desexualización' del discurso y una primera voz ausente que hizo eco en el discurso de la heterosexualidad. Los límites y las potencialidades de las democracias quedaron registrados en este trabajo.
Se evidencia en el desarrollo del texto que conjuntamente con los discursos hegemónicos subsisten construcciones diferentes del género, del cuerpo y de la sexualidad. Se expresan en las estrategias de demandas hacia el Estado así como en las prácticas micropolíticas y las pequeñas resistencias de la vida cotidiana, en la subjetividad y en los diversos espacios sociales.
A ello se refiere el artículo de Mariela Acevedo, que nos muestra en las historietas, reducto masculino por excelencia, la subordinación de las mujeres pero también su resistencia. Las historietas y los historietistas colocan un límite (aunque desarrolla críticas a la noción de 'techo de cristal') a la participación de las mujeres y a la iconografía que las representa. Nos muestra como las mujeres historietistas debieron abrirse un camino, muchas veces en la clave masculina y otras resistiendo, desde un complejo lugar, para poder colocar su voz en clave liberadora.
Por último, Eugenia Tarzibachi rescata un análisis de la mirada en las publicidades contemporáneas. Refiere al registro de la mirada masculina en las representaciones de las mujeres, por un lado como espectáculo erótico para ser mirado y por el otro, como objeto sexual de una audiencia masculina. Todo ello constituye un elemento esencial de la cultura patriarcal. Los cuerpos de las mujeres son ingredientes decorativos en una infinidad de avisos publicitarios y programas televisivos donde se activa la escopofilia. Así las mujeres como ícono son exhibidas para la mirada y el goce de los hombres.
Cuerpo, género, sexualidades, poder, estructura social entre otros fueron conceptualizaciones que guiaron nuestras intuiciones en el entendido que la voz de las mujeres y de las diversidades sexuales deben buscar, en los pliegues de la realidad, una fugacidad que permita desplegar las polifonías. Expresar deseos y necesidades por fuera de los parámetros establecidos para poder contribuir a la desestabilización del género y subvertir el modelo patriarcal. Así desde 'este lugar descentrado, se puede configurar una subjetividad distinta, capaz de abrir vías hacia un nuevo y posible sistema de valores' (Hernández, C., 2007. p.99).