

Ilustración de tapa Cecilia Puglesi
ISBN 9789871489268
180 Páginas
Leo Maslíah (Montevideo, 1954) estudió música y se presentó por primera vez en público en 1974 con repertorio clásico. A partir de 1978 desarrolla una intensa actividad como autor e intérprete de música popular, habiéndose presentado en varios países de América y Europa.
Editó, como solista, cerca de 40 discos. "Árboles" ganó en 2008 el premio Gardel (Argentina) al "mejor álbum instrumental". Leo Maslíah publicó también cerca de 40 libros, entre los que se cuentan novelas, recopilaciones de cuentos y obras de teatro. Su obra "Telecomedia" fue distinguida con el premio nacional de literatura del Uruguay en el año 2000. En el 2009 solicitó la beca Guggenheim, pero no se la dieron.
Prototipo de nada, Pompeyo De Armas y Sotomayor lo es quizá también de todo lo que no sea algo. Las historias aquí recogidas ayudan a armar no sólo el rompecabezas de su rutilante trayectoria, sino también el de la profunda huella que, con irreverente desparpajo, dejó su andar sobre quienes lo conocieron o tuvieron noticia de él en el mundo académico, las esferas de la alta sociedad, los poliedros irregulares de la baja, el ámbito gubernativo o los clubes de teatro. Si este libro no deja títere con cabeza, les permite desarrollar en su lugar bellos apéndices dotados de interesantes atributos alternativos.
"Pompeyo De Armas y Sotomayor (…) tuvo una infancia de mudanzas. Sus padres murieron de contentos cuando él nació, pues la felicidad de tener un hijo superaba en mucho la capacidad de sus mezquinos corazones. Por eso (…) pasó a quedar al amparo de su abuelo materno, que vivía en concubinato con la abuela paterna de Pompeyo, divorciados los dos de sus respectivos cónyuges, quienes, no obstante, no se sintieron atraídos entre sí y buscaron compañía ora en terceras personas, ora en animales, domésticos en el caso del abuelo paterno, y salvajes en el de la abuela materna, que era también salvaje ella misma (la misión jesuítica a la que años atrás había encomendado el Papa la tarea de civilizarla, se había perdido en la red de subterráneos de su ciudad natal, y sus integrantes habían terminado allí sus días, vendiendo a los pasajeros estampitas de santos o, cuando no conseguían, de personas comunes, como usted o como yo)".